Granulomas pulmonares y en médula ósea: más allá de la tuberculosis. A propósito de un caso

Granulomas pulmonares y en médula ósea: más allá de la tuberculosis. A propósito de un caso

Tanto la tuberculosis pulmonar (TBCP) como el linfoma con infiltración pulmonar pueden presentarse con clínica de evolución crónica, incluyendo síntomas consuntivos como fiebre, baja de peso o diaforesis nocturna. También hallazgos al examen físico como adenopatías, y la presencia de lesiones tipo nódulos o masas, con o sin cavitaciones en las imágenes pulmonares. Incluso en la histología puede encontrarse granulomas en ganglios y en la médula ósea (MO) en ambas patologías. Esto hace que su diagnóstico diferencial sea, en algunas ocasiones, en extremo complejo.

Presentamos el caso de una paciente cuya presentación clínica, radiológica y de laboratorio hizo pensar inicialmente en una TBCP, pero en la que el estudio posterior confirmó un linfoma no Hodg­kin difuso de células grandes B (LNH DCGB).

Caso clínico

Paciente de sexo femenino, de 59 años, hipertensa. Antecedente de TBCP en la adolescencia, tratada. Historia de 8 meses de fiebre hasta 39 ºC y tos productiva. Fue manejado con distintos esquemas antimicrobianos, sin respuesta. Se hospitalizó inicialmente en otro centro, donde se realizó una tomografía computada (TC) de tórax que mostró opacidades masiformes en lóbulo inferior izquierdo y múltiples nódulos pulmonares bilaterales cavitadas (Figura 1). El examen para VIH fue negativo. Las baciloscopías (BK) y los cultivos de Koch de expectoración resultaron negativos. Se realizó un lavado bronquioalveolar (LBA) y biopsia, cuyo estudio histológico transbronquial reveló un proceso inflamatorio crónico granulomatoso, sin células neoplásicas, con tinción de Ziehl-Nielsen negativa. Cultivo corriente aerobio, de hongos, BK y cultivo de Koch resultaron negativos. Se realizó además una reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para M. tuberculosis, con el kit comercial AMPLICOR® (Roche Diagnostics System, USA), cuyo resultado fue positivo, por lo que el cuadro fue interpretado como una probable recidiva de TBCP y se manejó con isoniazida, rifampicina y pirazinamida según norma ministerial vigente, siendo dada de alta. A pesar de esto, la paciente persistió con marcado compromiso del estado general, se mantuvo febril y con progresiva baja de peso de 20 kg en los siguientes 3 meses.

Dada esta mala evolución, la paciente fue hospitalizada en el Hospital del Salvador, para estudio. Se realizó nueva FBC con biopsia transbronquial, la cual mostró infiltración difusa de células grandes de aspecto linfoide. Sin embargo, la inmunohistoquímica (IHQ) no logró confirmar un linfoma. El estudio microbiológico bacteriano, fúngico y micobacteriano fue nuevamente negativo. La paciente continuó febril y con progresión de las masas pulmonares evidenciado en una nueva TC de tórax. Se realizó una nueva biopsia, esta vez quirúrgica por videotoracoscopía. La muestra histológica y la IHQ mostraron un pulmón con infiltrado de tipo linfoide reactivo. Evolucionó en 1 mes con aparición de adenopatías cervicales e inguinales de 2 cm, no adheridas a planos profundos, no fistulizadas ni dolorosas. Se efectuó biopsia de una adenopatía inguinal, que finalmente confirmó un LNH DCGB anaplástico mediante IHQ (positivo para CD20, BCL-2, CD30). Se suspendió el tratamiento antituberculoso, ya estando en la segunda semana de la fase bisemanal.

La TC de tórax, abdomen y pelvis de etapificación evidenció múltiples adenopatías mediastínicas, axilares, retroperitoneales, infracavo-aórticas y en cadenas iliacas, la mayor de 3 cm, además de múltiples nódulos pulmonares (4 cm) y hepatoesplenomegalia moderada. La biopsia de MO mostró alta celularidad, con granulomas de células gigantes multinucleadas no necrosadas (Figura 2). No se encontró proceso neoplásico linfoide ni a la microscopía ni con inmunohistoquímica y la tinción de Ziehl-Nielsen resultó negativa. Nuevamente se planteó dudas sobre el rol de una infección tuberculosa diseminada como diagnóstico concomitante. Se realizó BK, cultivo de Koch y PCRAMPLICOR®M. tuberculosis en MO, que resultaron negativos. El caso fue evaluado por un equipo multidisciplinario, y se plantea en conjunto el diagnóstico definitivo de linfoma, con compromiso pulmonar y reacción sarcoide en MO. Se planteó que la PCR positiva para M. tuberculosis de LBA corresponde a cepa no viable, en contexto de infección antigua. Se inició quimioterapia con rituximab, ciclofosfamida, vincristina, doxorrubicina y prednisona (R-CHOP) con muy buena respuesta. Se administraron 6 ciclos, logrando remisión completa (RC) de la enfermedad. Actualmente, la paciente se encuentra en control, manteniéndose en RC desde hace 5 años.

Discusión

La TBC y el linfoma tienen varias características clínicas en común, como baja de peso, fiebre, diaforesis nocturna y poliadenopatías1.

Dentro de las lesiones pulmonares cavitadas, las etiologías más frecuentes son abscesos piógenos, tumores cavitados y las infecciones por micobacterias y hongos2. La TBCP es uno de los primeros diagnósticos a considerar, pero es importante tener en cuenta que un tumor sólido o un linfoma agresivo de rápido crecimiento puede cavitarse, necrosándose su centro por falta de vascularización.

Un hecho clave, fue el haber diagnosticado la TBCP sólo a través de la PCRAMPLICOR® M. tuberculosis, sin tomar en cuenta que las múltiples BK y cultivos de Koch (expectoración y LBA) fueron negativas, resultados inhabituales en pacientes con cavitaciones pulmonares por TBCP, por lo general bacilíferos. La sola positividad de una PCR no es suficiente para el diagnóstico de TBC3, más aun considerando el antecedente obtenido retrospectivamente de una TBCP en la infancia. Existen varios estudios que demuestran que este kit comercial tiene una sensibilidad sobre el 80% y especificidad que superan el 90-95% en muestras respiratorias4,5, pero como cualquier método de biología molecular no diferencia agentes vivos de aquellos muertos no viables. Por otro lado, hay algunos reportes que han mencionado que algunos kit comerciales actualmente menos usados, como éste, no eran capaces de diferenciar M. tuberculosis de otras micobacterias pertenecientes al complejo M. tuberculosis, como M. bovis6. Cabe destacar que el gold standard para el diagnóstico de la TBC sigue siendo el cultivo de Koch, por su alta sensibilidad4-6. Todos los cultivos realizados en la paciente resultaron negativos. Al momento de la presentación del caso, no había disponibilidad en nuestro medio de PCR MTB/RIF para M. tuberculosis(GeneXpert®), técnica que ha logrado mejorar la sensibilidad y la especificidad diagnóstica de esta micobacteria, tanto en muestras respiratorias como extrapulmonares, destacando además su rapidez y la capacidad de detectar el gen rpoB, que codifica la resistencia a rifampicina7,8. Por estas ventajas comparativas, este es el examen recomendado en la actualidad por la OMS para el diagnóstico de la TBC.

Por otro lado, una vez se creyó certificado el diagnóstico de LNH, la biopsia de MO informó granulomas, por lo que nuevamente se planteó una TBC. La identificación de granulomas epitelioides no caseificantes semejantes a los de la sarcoidosis, es conocida como reacción sarcoide (RS). Se desconoce su causa. Se ha postulado como mecanismo patogénico 

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