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Disfunción Eréctil

Aspectos esenciales del tratamiento

La disfunción eréctil (DE), anteriormente llamada impotencia, se define como “la incapacidad de lograr y/o mantener una erección del pene suficiente para un rendimiento sexual satisfactorio” o “la incapacidad constante o recurrente de lograr y/o mantener una erección del pene suficiente para la satisfacción sexual”. Aunque en algunos casos, especialmente en hombres jóvenes, puede estar relacionada con preocupaciones psicológicas, en muchos casos la DE es el resultado de enfermedades orgánicas, como enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus, hiperlipidemia e hipertensión. Por lo tanto, la DE puede ser un marcador de condiciones médicas que requieren tratamiento. Independientemente de la causa, la DE puede tener efectos negativos en la autoestima, las relaciones y la calidad de vida en general de los pacientes.

Signos y síntomas

El primer paso en el manejo de la DE es realizar una historia clínica exhaustiva que incluya:

  • Historia sexual
  • Historia médica
  • Historia psicosocial

Es necesario realizar un examen físico en todos los pacientes, haciendo énfasis en los sistemas genitourinario, vascular y neurológico. El examen se enfoca en evaluar:

  • Presión arterial
  • Pulsos periféricos
  • Sensibilidad
  • Estado de los genitales y la próstata
  • Tamaño y textura de los testículos
  • Presencia del epidídimo y conducto deferente
  • Anomalías del pene (por ejemplo, hipospadias, placas de Peyronie)

Existe una fuerte correlación entre la hipertensión y la DE, así como entre la hiperplasia prostática benigna y la DE, aunque la causalidad no está clara.

Diagnóstico

Las pruebas de laboratorio para la DE dependen de la información recopilada durante la entrevista; aunque no siempre son necesarias, pueden incluir las siguientes:

  • Evaluación del estado hormonal (testosterona, globulina fijadora de hormonas, hormona luteinizante, prolactina, hormona estimulante de la tiroides)
  • Estudios sanguíneos de detección (hemoglobina A1c, panel químico sérico, perfil lipídico)
  • Niveles de antígeno prostático específico (si el paciente es candidato para la detección de cáncer de próstata, aunque esto es controversial)
  • Análisis de orina

En algunos casos, pueden considerarse estudios adicionales como:

  • Ultrasonografía del pene para evaluar la función vascular
  • Ultrasonografía de los testículos para detectar anomalías
  • Pruebas neurológicas formales, en casos de antecedentes de problemas del sistema nervioso central o neuropatía periférica

Manejo

Las opciones de tratamiento para la DE incluyen:

  • Consejería sexual, si no se encuentran causas orgánicas
  • Medicamentos orales
  • Medicamentos inyectados, implantados o aplicados tópicamente
  • Dispositivos de vacío y constricción
  • Cirugía

Los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (PDE5) orales son la primera línea de tratamiento, según las guías de la Asociación Americana de Urología (AUA), a menos que estén contraindicados. Los agentes incluyen:

  • Sildenafilo
  • Vardenafilo
  • Tadalafilo
  • Avanafilo

Los pacientes con DE resistente a los inhibidores de PDE5 pueden combinar uno de estos agentes con alprostadil. Además, la terapia de reemplazo hormonal puede ser útil en hombres con hipogonadismo severo.

La terapia de inyección intracavernosa puede considerarse en pacientes con vasculatura sana en los cuerpos cavernosos. Los agentes incluyen:

  • Alprostadil (el más común)
  • Fentolamina
  • Papaverina

Los dispositivos externos, como los dispositivos de vacío y los dispositivos de constricción en la base del pene, también son opciones para mantener la erección.

Para algunos pacientes seleccionados, pueden considerarse tratamientos invasivos, como:

  • Terapia endovascular: angioplastia o colocación de stents para la aterosclerosis
  • Colocación de implantes peneanos (varillas semirrígidas o maleables, implantes inflables completos)

Prevención

Las medidas recomendadas para prevenir la DE incluyen:

  • Manejo óptimo de la diabetes, enfermedades cardíacas e hipertensión
  • Modificaciones en el estilo de vida para mejorar la función vascular (por ejemplo, no fumar, mantener un peso corporal ideal y realizar ejercicio regularmente)

Este contenido fue originalmente publicado en Medscape.