La hemoglobina glicosilada (HbA1c) es un marcador que refleja el promedio de los niveles de glucosa en sangre durante un período de 2 a 3 meses. Varios estudios epidemiológicos han demostrado la relación entre la HbA1c y las complicaciones de la diabetes, como la retinopatía, estableciendo su valor como marcador pronóstico. En la década de 1990, los ensayos clínicos aleatorizados mostraron que las intervenciones que redujeron los niveles de HbA1c ayudaron a retrasar o prevenir las complicaciones en personas con diabetes tipo 1 (estudio DCCT) y tipo 2 (estudio UKPDS). Esto consolidó su adopción como medida estándar en la práctica clínica para evaluar el control glucémico en personas con diabetes.
Actualmente, se recomienda un objetivo de HbA1c <7,0 % para la mayoría de los adultos con diabetes, aunque en casos específicos (como fragilidad, edad avanzada o antecedentes de hipoglucemia grave) pueden utilizarse objetivos menos estrictos. Sin embargo, alcanzar estos objetivos sigue siendo un desafío para muchos pacientes; en los Estados Unidos, solo el 50% de los adultos con diabetes logran mantener una HbA1c <7,0 %.
Durante décadas, la HbA1c ha sido la medida principal para controlar la glucosa en personas con diabetes y en los estudios clínicos.
Aunque la HbA1c es una herramienta validada, presenta algunas limitaciones importantes:
Con el advenimiento del monitoreo continuo de glucosa (MCG), la HbA1c ha comenzado a ser complementada por nuevas métricas más dinámicas, como el tiempo en rango, tiempo bajo rango y variabilidad glucémica. Estas métricas ofrecen una evaluación más precisa y detallada de la calidad del control glucémico. En el futuro, el uso del MCG podría desplazar parcialmente a la HbA1c como indicador principal, dependiendo de la adopción de estas tecnologías, el conocimiento del equipo de salud y las personas con diabetes, y las evidencias sobre la efectividad de estas nuevas métricas en la prevención de complicaciones crónicas.
En conclusión, aunque la HbA1c sigue siendo una herramienta útil para el control de la diabetes, su papel en la práctica clínica futura podría ser complementado o incluso sustituido por tecnologías que proporcionen datos más detallados y dinámicos sobre el control glucémico.