
Principales funciones ejecutivas que cambian durante el envejecimiento normal.
- ComiteNetMD
- 17 de marzo de 2025
- Geriatría, Psiquiatría
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RESUMEN
Las funciones ejecutivas son habilidades cognitivas que asocian ideas, movimientos y acciones, facilitan la adaptación del comportamiento humano a situaciones diferentes, dando solución a problemas de alta complejidad. Son las primeras funciones que sufren un declive en el envejecimiento normal, se manifiesta un declive normal a través de una lentificación general en relación con la memoria de trabajo, abstracción verbal, cálculo, razonamiento lógico y mecanismos inhibitorios, incrementando el número de respuestas incorrectas. El objetivo fue evaluar las funciones ejecutivas que disminuyen durante el proceso de envejecimiento normal acorde con las edades de la persona adulta mayor. Se evaluó a 182 personas adultas mayores sanos, se desarrollaron tareas para evaluar las funciones ejecutivas de memoria de trabajo y control inhibitorio, se conformaron en cuatro grupos de edad. Se demostró que con la edad aumenta la probabilidad de presentar un mayor declive cognitivo en la vejez. El grupo de mayor edad presentó más dificultad para realizar las tareas de secuenciación, de semejanza de la memoria de trabajo y en tareas de control inhibitorio; presentando un aumento en los tiempos de ejecución de las respuestas. La memoria de trabajo y el control inhibitorio presentaron un declive normal, registrando un aumento en edades más avanzadas.
Introducción
Las funciones ejecutivas se han definido como procesos cognitivos que asocian ideas, movimientos y acciones orientados a la resolución de conductas y problemas de alta complejidad (Tirapu-Ustárroz, Muñoz-Céspedes, 2005); se utilizan para resolver situaciones novedosas para las que no se tiene un plan previo de resolución (Lezak, 1982), facilitando la adaptación del individuo a situaciones nuevas y complejas en las distintas etapas de la vida, para el logro de metas específicas de manera coherente (Rosselli et al., 2008; Lepe-Martínez, 2020).
Existe gran variedad de definiciones de funciones ejecutivas que dificultan su medición, al no haber muchos métodos estandarizados de evaluación disponibles. Sin embargo, la mayoría concuerda que son cruciales para el comportamiento normal, y su importancia para la adaptación del comportamiento humano en entornos o situaciones de constante cambio (Lepe-Martínez, 2020).
El primer término de funciones ejecutivas surge a raíz de considerar las capacidades mentales necesarias para formular objetivos, planificar cómo alcanzarlos y llevar a cabo los planes de manera efectiva. Lezak (1982) es la autora que definió las funciones ejecutivas como las “capacidades mentales esenciales para llevar a cabo una conducta eficaz, creativa y aceptada socialmente” (Fernández et al., 2016, p. 5).
Las funciones ejecutivas son “un conjunto de habilidades cognitivas cuyo principal objetivo es facilitar la adaptación en las distintas etapas de la vida a situaciones nuevas y complejas, más allá de las conductas consideradas habituales y automáticas”. Controlan y regulan otras capacidades básicas como: la atención, la memoria, la percepción, el aprendizaje, el lenguaje y las habilidades motoras, estas a la vez tienen una importante participación en el comportamiento humano a lo largo de la vida, están al servicio del logro de conductas dirigidas hacia un objetivo o resolución de problemas. Además, comprende una “serie de procesos cuya función principal es facilitar la adaptación del sujeto a la vida cotidiana” (Lepe-Martínez, 2020, p. 93).
Estas funciones, al calificarlas como habilidades determinantes que facilitan la adaptación de las personas en distintas etapas de la vida, son procesos que asocian ideas, movimientos y acciones simples; y orientan a la resolución de conductas complejas que son esenciales para llevar a cabo una conducta eficaz, creativa y aceptada socialmente (Soto-Salcedo, 2024). Si bien no existe una función ejecutiva unitaria, ya que existen diferentes procesos que convergen en un concepto general, su intención es describir funciones metacognitivas y de autorregulación de la conducta que permitan la anticipación y el establecimiento de metas, la formación de planes, el inicio de las actividades, mantener la autorregulación y la habilidad de llevarlas a cabo eficientemente (Aguilar et al., 2014).
A medida que avanza la edad, algunas capacidades pueden aumentar y otras pueden disminuir, las funciones ejecutivas son las primeras habilidades en sufrir un declive en el envejecimiento normal (Botia et al., 2015; Gamba et al., 2017), presentando una disminución, inclusive, algunas desaparecen a edades más avanzadas, están vinculadas a la planificación, flexibilidad, monitorización, inhibición, autorregulación y habilidades visoespaciales (Basuela, 2007); se asocian a un enlentecimiento del procesamiento de la información, a la disminución en la flexibilidad mental, menor precisión y lentitud al cambiar de actividad, la reducción del razonamiento práctico ante tareas complejas, como a la disminución en la capacidad de solución de problemas lógicos por la presencia de desorganización y redundancia en el pensamiento (Lepe-Martínez, 2020).
Envejecer es normal, pero cada individuo lo hace de manera diferente por las condiciones biopsicosociales, socioeconómicas y estilos de vida que ha tenido durante su ciclo vital. A partir de los 60 años es esperable un decremento en las funciones ejecutivas, principalmente en los mecanismos inhibitorios, en los procesos de memoria de trabajo, evocación o velocidad de procesamiento de la información, la capacidad de resolución de problemas o para almacenar y manipular nueva información en tiempo real (Amador et al., 2020).
El envejecimiento se asocia a una lentificación general, por lo que resulta esperable que las personas adultas mayores, a partir de los 70 años, tarden mayor tiempo en realizar actividades y cometan más errores de tipo perseverativo al responder tareas, por lo que necesitan más tiempo para su realización (Buller, 2010). Situación que se evidencia al realizar las pruebas de flexibilidad mental y control inhibitorio, que les impide lograr un envejecimiento activo y saludable (Aceiro et al., 2018; Bossio y Justel, 2023).
La edad es un factor determinante para el declive de las funciones ejecutivas, también se ha demostrado que el bajo nivel educativo y/o analfabetismo influye en la disminución de algunos componentes de las funciones ejecutivas como en memoria de trabajo verbal, abstracción verbal, memoria semántica, cálculo, razonamiento lógico y mecanismos inhibitorios (Soto-Añari y Cáceres-Luna, 2012).
Es importante enfatizar que un buen nivel educativo en personas adultas mayores favorece al desarrollo de algunas habilidades de las funciones ejecutivas como son la memoria de trabajo y la fluidez verbal fonológica, solución de problemas, habilidades constructivas, destrezas motoras y habilidades de cálculo (Ardila, 2012).
La edad avanzada y el bajo nivel educativo influyen de manera general en las funciones cognitivas, en las personas adultas mayores se observa un declive normal, expresado por un incremento en el número de respuestas incorrectas y la disminución del procesamiento cognitivo, también se debe tomar en cuenta que algunos declives en el funcionamiento ejecutivo durante el proceso del envejecimiento podrían ser consecuencia de la exigencia de las tareas de evaluación que se utilizan, probablemente por no ser las apropiadas para esta población, o bien por situaciones de morbilidad propias de la edad que influyen en el desempeño de las tareas, reflejadas a través de la lentificación cognitiva (Rosselli et al., 2008; Cossio-Bolaños et al., 2020).
Se ha evidenciado que las funciones ejecutivas que declinan con el trascurso de la edad durante el envejecimiento normal son la memoria de trabajo (Caplan, 1999; Flores Lázaro y Ostrosky-Shejet, 2012), capacidad de abstracción (Gramunt-Fombuena et al., 2018), control inhibitorio, flexibilidad mental, la toma de decisiones y la resolución de problemas, etc. (Miller & Cohen, 2001). Además de que la edad y la escolaridad ejercen gran influencia en las tareas aritméticas, de semejanza, en relación con el rendimiento estos disminuyen a partir de los 70 años (Gramunt-Fombuena, 2018; Segura-Cardona et al., 2018).
El componente de inhibición, también llamado control inhibitorio, hace referencia a la capacidad de las personas para inhibir, suprimir o retrasar de forma eficaz la generación o realización de respuestas automáticas (motriz) o de flujo de la información (afectivo) necesaria para la ejecución de una tarea en un tiempo determinado que, con el paso del tiempo, suceden más errores en su ejecución (Hasher & Zacks, 1988).
De Bruin & Della (2018) demostraron que personas adultas de mayor edad pueden mostrar déficit del control inhibitorio, consecuencia de la ralentización cognitiva relacionada con la edad, se puede modificar por las tareas que se utilizan y las indicaciones proporcionadas para su realización, que deben ser más específicas para esta población.
Botia et al. (2015) señalan que el deterioro de las funciones ejecutivas en el proceso de envejecimiento normal es evidenciado en las tareas de control inhibitorio en relación con las funciones motoras, ya que presentan mayor déficit en las tareas de secuencias motoras; sin embargo, determinaron que la escolaridad es importante para que la persona mayor pueda realizar adecuadamente las funciones ejecutivas. Además, Soto-Añari y Cáceres-Luna (2012) especifican que los mecanismos regulatorios inhibitorios también muestran diferencias entre los sujetos estudiados, la capacidad de inhibir patrones automáticos de comportamiento de acuerdo con el contexto es un componente importante en la regulación conductual y mental; estos mecanismos inhibitorios están fuertemente influenciados por el nivel de escolaridad.
El objetivo de la investigación es evaluar el declive cognitivo normal de las funciones ejecutivas que disminuyen específicamente por el proceso de envejecimiento normal en diferentes edades de la persona adulta mayor, con tareas que cuenten con las características psicométricas y metodológicas específicas.
María Elena Flores-Villavicencio1, Melina Rodríguez-Díaz2, José Raúl Robles Bañuelos3
1 Doctorado en Psicología de la Salud.
Afiliación institucional: Docente-Investigadora, Departamento de Ciencias Sociales del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Jalisco, México.
2 Doctorado en Psicología
Afiliación Institucional: Profesor-Docente, Centro de Investigación del Desarrollo y Envejecimiento Humano, División de Ciencias de la Salud, Centro Universitario Tonalá, Universidad de Guadalajara, Jalisco, México.
3 Doctor en Medicina.
Afiliación Institucional: Residente de la Especialidad de Medicina Familiar, Instituto Mexicano del Seguro Social, Guadalajara, Jalisco, México.
Para descargar la investigación completa haga clik a continuación:
https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/gerontologia/article/view/63902/63279